Pensamientos en voz alta

Para el que no sepa qué es eso de las criptomonedas, diré a muy grosso modo, que se trata de un valor inmaterial que se puede cambiar por cualquier moneda de uso legal, que fluctúa según la oferta y la demanda y que utiliza un sistema (blockchain) criptográfico, descentralizado y seguro que garantiza, sin intervención de ningún organismo oficial, la propiedad de este valor y sus transacciones.

Así, a bote pronto, lo de descentralizado, sin control de los bancos, segura y anónima, pueden parecer consignas antisistema. Parece que tenemos una moneda que no está sujeta a consideraciones políticas ni a las estrategias de los grandes bancos, es algo que cualquiera puede poseer, comprar o vender sin dar cuenta de ello.

No quiero decir con esto que la moneda oficial sea mejor ni peor, es, en esencia tan mala idea una como la otra y desde luego ambas son un mismo engaño.

El problema fundamental, desde mi punto de vista, es la especulación. Estas criptomonedas son, básicamente un bien especulativo, aunque se hacen algunos pagos con ella, la mayoría de la gente la adquiere con la esperanza de que se revalorice y aumentar así su patrimonio. La especulación es un carácter intrínseco del capitalismo.

Desde mi punto de vista, es amoral ganar dinero por nada, por apostar a las fluctuaciones de la oferta y la demanda, ganar dinero, o lo que sea, sin trabajar.

El dinero debería ser únicamente una unidad de medida, como el metro, el litro o el minuto, un valor inalterable que permitiera medir el esfuerzo y los bienes o servicios en números comparables para facilitar el intercambio de estos. Pero no se debería poder utilizar el dinero como un bien en sí mismo.

Si tienes una vivienda que costó equis, siempre debería mantener el mismo valor –valor medido en divisas–, solo ganaría dinero el constructor que transformó la materia prima, que trabajó para construir ese bien en concreto. Posteriormente, la degradación irá restándole valor, pero nunca aumentando. Tampoco aumentarán de valor los ladrillos, el hormigón ni la mano de obra.

Una tonelada de trigo debería costar lo que cueste cultivarla, recolectarla y transportarla, pero no se debería exponer al mercado de la oferta y la demanda. Cuando haya escasez, se consumirá antes y no se cederá al mejor postor y cuando exista exceso de producción se le buscarán alternativas o se almacenará para cuando se necesite. Pero ya hablaremos en profundidad sobre la posibilidad de vivir sin especular, en otro momento.

Por lo tanto, mientras las criptomonedas solo sean un intangible especulativo, deberemos, los parias de la tierra combatirla como lo hacemos con el capitalismo, no así el sistema blockchain que es la tecnología que la sustenta, que permite con las máximas garantías, la descentralización y por lo tanto la dependencia de las actuales instituciones, no solo de las criptomonedas, sino de infinidad de servicios como la custodia de documentación digital, registro de bienes, establecimiento de autorías intelectual, veracidad de documentos, etc.

Podemos dejar que la tecnología haga avanzar la sociedad, pero no en cualquier dirección.

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