Pensamientos en voz alta

Al principio clasificaba a la humanidad en dos grandes grupos, ponía los borregos a la derecha y los pensadores a la izquierda, pero me di cuenta de que a la derecha había también algunas personas inteligentes y lumbreras. La dividí entonces en ricos y pobres, los ricos a la derecha y los pobres a este lado, pero me di cuenta de que había pobres que comulgaban con las ideas de la derecha e incluso de la ultraderecha; pobres con ambiciones de ricos. Entonces cambié los grupos y puse a la diestra a los borregos, a los hijos de dios, a esotéricos y negacionistas y a este lado a científicos, agnósticos y ateos, pero encontré creyentes e impíos en los dos lados. Esto me llevó a pensar que en el lado de los conservadores estaban los tontos y que nosotros éramos los inteligentes, pero no, ellos tenían que contar necesariamente con gente lista para hacer creer a tanto borrego que el capitalismo es justo, que la pederastia de la iglesia es una anécdota, que los ricos están para ayudar y proteger a las familias pobres, que el patriarcado es una ley natural y que la explotación obrera el único método de producción. Todo esto me llevó a ver la sociedad polarizada de otra manera; a un lado, estarían los astutos con un poco de inteligencia, desde luego sin escrúpulos, que saben bien mantener engañado a un ejército de borregos. Por otro lado, puse a los honestos, con menos seguidores porque aquí caben pocos sumisos, solo los que abren los ojos y pueden ver las mentiras y la miseria a la vez.

En un lado estarían los ricos de cuna que pretenden mantener su poder modelando la sociedad según sus necesidades particulares –aquí caben los que se hacen ricos por suerte o sacándole las tripas a la ley laboral o incumpliéndola directamente; una ley que ya de por sí está de su lado—. Y a este otro lado los que miran el mundo con ojos globales, los que quieren que el esfuerzo común revierta en un bien común, los inconformistas con el régimen plutocrático y el desequilibrio global, los que luchan por el bien común sin anteponer el suyo propio.

En aquel lado derecho están los que pagan los pocos impuestos que no pueden burlar, para que en su calle luzca una farola más luminosa. Yo pago para que la pongan donde no hay luz.

En aquel lado están los que quieren ganar más y contribuir poco al equilibrio social. Yo, en este lado solo quiero que todo el mundo tenga acceso a una vida digna y equitativa.

En aquel lado están los que quieren atesorar riquezas materiales. Yo aquí, quiero repartirlas.

En aquel lado están los que quieren hacerte creer que tú también puedes ser rico si te esfuerzas y te dejas explotar. Yo creo que te tienen preso de sus mentiras.

En aquel lado están los que se apoyan en la iglesia para blanquear sus falacias. Yo hago el bien sin mirar a quién y sin temor al miedo eterno que nos tienen prometido.

En aquel lado están los conservadores que no quieren que nada cambie, pues cuando algo lo hace, va en detrimento de la riqueza de los de su lado. Yo quiero que aumente el equilibrio social, aunque lo tengan que pagar los ricos.

En aquel lado están los que hacen piña como si los de este lado fuéramos antes enemigos que humanos.

En aquel lado están los que hacen las leyes mirándose el ombligo. A mi me gusta mirar más lejos en beneficio de los indefensos, de los trabajadores pobres y de los parias de la tierra.

En aquel lado están los que quieren a las mujeres en las anacrónicas labores propias de su sexo. Yo las quiero tan a mi lado como a cualquiera.

En aquel lado están los que cierran su patria a cal y canto con selectas y xenófobas banderas de desprecio. Yo, en este lado, abro los brazos de humana acogida a trabajadores trashumantes, migrantes huyendo de la guerra y a los pobres.

En aquel lado están los que explotan la tierra sin medida. Yo propongo energías renovables, suministros básicos sin beneficios industriales, control de fabricación y reparación de daños.

En aquel lado están los que acaparan riqueza con gula ciega. Desde este lado se ve con claridad crecer la brecha salarial entre ricos y pobres.

En aquel lado están los que ponen trabas al salario mínimo y a la paga mínima vital porque quizá aumente sus míseros impuestos. Aquí nos parece poco e insuficiente.

En aquel lado están los que se engalanan de riqueza obscena, innecesaria y obsesiva. En este lado chirría el contraste con los campos de refugiados y la hambruna.

En aquel lado están los que especulan con la sanidad y la salud humana. Pero desde aquí se descubre claramente la avaricia y la deshumanización consentida.

Los de aquel lado provocan la obesidad por exceso de oferta y propuestas de consumo indecente a cambio de dinero. Aquí se ve a los que en el otro hemisferio mueren por desnutrición.

En definitiva, el mundo está echo de dos mitades, los egoístas y ególatras sin escrúpulos en aquel lado, pastoreando a sus descerebrados borregos y los generosos, colaborativos, conscientes de la desigualdad en este.

Una vez aclarado este punto solo queda mantener la lucha por la justicia social, porque en este lado sabemos que, nuestra desidia, indiferencia, silencio e inactividad supone la ventaja de los de aquel lado.

1 comentario en «Dicotomía»

  1. Excelente retrato de la realidad. Estoy a tu lado, José Ignacio. No pierdo la esperanza ni les cedo ventaja. Saludos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.