Podría callarme y dejarlo pasar, pero cada día tolero peor la incursión de la religión católica en la vida política y me duele cada día también más la hipocresía del catolicismo rancio de esta humanidad; sobre todo del que me queda más cerca geográfica e ideológicamente. Por eso he de levantar mi voz, aunque se convierta en agua de borrajas.

Ayer oí la conferencia de Manolo Copé “Religión y compromiso político”. Copé es candidato a la alcaldía de Alicante por Esquerra Unida.

Ofreció una charla jovial y desenfadada, sobre religión y política, promovida por los rojos de mi ciudad, Callosa de Segura, y una canción de su cosecha por el mismo precio. Se me iban las manos a la cabeza en un gesto de ¡ay, madre mía!

Los estatutos de Izquierda Unida, en su artículo 1.3. Derechos y deberes del cargo público de su reglamento, en el apartado “m”, dice: “Abstenerse de participar públicamente como cargo público y mientras dure su mandato en cualquier celebración o procesión religiosa, recordando el compromiso de Izquierda Unida con el laicismo”; quiero recalcar: recordando el compromiso de Izquierda Unida con el laicismo.

Debiera tomarse en serio, tanto para ateos como para religiosos, la labor de convertir a España en una sociedad laica, perfectamente separadas, la Iglesia (cualquiera) y el gobierno. Sin embargo, aquí se permiten todo lo contrario, dándole relevancia y carácter político, a esta arcaica, detestable y vergonzosa mezcla.

¿Te imaginas una charla titulada celiaquía y política, esoterismo y política o extraterrestres y política?, pues lo mismo. Mezclamos churras con merinas con una tolerancia costumbrista que da pena.

La charla empieza haciendo un pequeño tanteo, le pide a los asistentes tres palabras que les vinieran a la cabeza al pensar en religión y los, supongo rojos, asistentes, propusieron: Dios, amor, solidaridad, fe, paz y cosas de color pastel parecidas. A nadie se le ocurrió decir, mentira, secta, pederastia, machismo o adoctrinamiento (ese pensamiento colectivo me preocupó)

Copé pintaba a los católicos y a él mismo, en su condición de exsacerdote y miembro de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), como hombres buenos, confundiendo, desde mi punto de vista, dos conceptos incomparables. Para ser una buena persona, basta con ser humano. Cualquiera puede serlo sin ser espiritual. No es la fe la que conforma la bondad, sino quizá, al contrario.

Hubiera sido más sensato, si acaso, que en la iglesia Arciprestal de San Martín le dijeran a los católicos que se puede votar a los partidos de izquierda, que decirle a los de izquierdas que se puede ser cristiano y rojo.

Dijo Copé: «Los cristianos estamos llamados a participar de las sociedades de las que formamos parte» y digo yo, y cualquier hombre de bien, cualquier ser humano con conciencia, cualquier ciudadano que comulgue con los derechos humanos, cualquier ateo está llamado, moralmente, a participar de su sociedad.

También dijo que «La fe te posiciona en el espacio político» ¿y qué tiene eso de interesante?, también la pobreza, y la opulencia, también la empatía y la avaricia.

Mezclar la religión y la política es una excusa insolvente y perjudicial para exigir la responsabilidad social y humana de cualquiera por contribuir al bien común.

Sea usted político desde donde quiera, pero saque sus pensamientos doctrinales de mi ideología y de la política.

Aunque… quizá solo fue una campaña de marketing para atraer a los católicos a las urnas de la izquierda, quizá.

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