Pensamientos en voz alta

365 amigos

Dice un buen amigo mío, que lo más importante en la vida es hacer 365 amigos; hacer y mantener, claro. Por muy mal que te vayan las cosas siempre te darán de comer, cada día uno sin molestarles mucho; solo una vez al año.

Cada amigo es un punto de vista además de un plato caliente. Una manera diferente de ver las cosas, que para los curiosos insaciables como yo sirve para ensanchar nuestro entendimiento.

Decía Machado en la voz de Juan de Mairena, “No os asustéis. El Demonio, a última hora, no tiene razón; pero tiene razones. Hay que escucharlas todas”. Ahí radica el conocimiento, en coger de cada uno un poco de su razón y hacer una nueva, en intentar escudriñar lo que a cada uno le lleva a establecer su particular entender. También es sabido que hay que tener amigos hasta en el infierno y que más sabe el demonio por viejo que por demonio o lo que es lo mismo conforme pasa el tiempo entre amigos, aumenta el conocimiento; sí se han sabido cultivar las amistades y aprovechar el fruto que te dan con una buena tertulia.

Es de mal acostumbrados rebatir los principios de los otros con la intención de poner en su lugar los nuestros, como si estos fueran mejores o más cercanos a alguna verdad subjetiva. La excelencia está en escuchar sin prejuicios cualquier pensamiento que un amigo pueda aportar sabiendo que son fruto de su, quizá más densa y sofisticada vida que la propia. Cuando escudriñamos en nuestros pensamientos no hay posibilidad apenas de sacar nuevas enseñanzas pues todo lo que contiene nuestro cerebro lo hemos puesto nosotros y por lo tanto es ya sabido, sin embargo, en el desconocido pensamiento propiedad de un amigo, seguramente hay un buen aporte de datos nuevos que podemos incorporar a nuestra propia sapiencia. Así, cada día con nuevos datos podemos volver a analizar todo lo sabido para tener un actualizado criterio con el que volver a analizar la vida entera. A veces, lo que nos enseñaron de niños, o lo que fuimos aprendiendo, sigue prevaleciendo inmutable en nuestro ser sin haberlo sometido a examen con los siempre nuevos datos que vamos adquiriendo al prestar atención, e inciden así en nuestras decisiones de forma manifiestamente errónea.

No sé si todos habréis vuelto a analizar lo del Ratoncito Pérez, los Reyes Magos o la Santísima Trinidad, pero es hora de revisar todo lo que se haya podido quedar enquistado por pereza con los nuevos conocimientos que nos ofrecen los amigos y el tiempo.

Como nosotros mismos nos hacemos preguntas trascendentales sobre la esencia de la vida, lo que vendrá después y sobre la mismísima razón de ser, cuestiones que con seguridad ninguno sabe con certeza resolver, cada amigo también se las ha de hacer y en consecuencia habrán elaborado respuestas que consigan apaciguar sus miedos y relajar el espíritu. Ninguno tenemos la contestación exacta a preguntas tan transcendentales como el paso de la vida a la muerte, porque ningún vivo está o ha estado muerto para poder departir con él sobre eso, pero sí podemos conocer 365 formas de imaginar el futuro.

También de lo cotidiano, de lo trivial hay mucho que aprender, incluso de lo aparentemente obvio, cada uno le ponemos un poquito de corazón –que no es más que una parte de nuestra propia experiencia– a cada cosa que vivimos. Le damos un particular significado a conceptos humanos como patria, raíces, familia, amistad, confianza o principios y eso hace que cada análisis de lo trivial contenga una pátina de nuestra forma de ser que lo hace diferente en cada amigo y por lo tanto interesante de conocer.

Me gustan los que cambian de opinión, no porque sea cosa de sabios sino porque el que cambia algo de sí es porque algo nuevo ha aprendido, alguien que estaba obcecado y ha sabido mirar de otra forma y es capaz de volver a cambiar conforme aumenta su conocimiento vital.

Pero no todo lo que ocurre dentro de un ser humano es visible para los que le rodean, a veces decimos haber cambiado, pero no cambiamos en esencia, lo que cambian son las modas, la forma de expresarnos o aquello que nos rodea; cosas materiales a las que no queremos renunciar por miedo, avaricia o vanidad.

Esto que escribo no sirve para hacer reflexiones en público, que se puede mentir con mucha facilidad con el fin de mantener el statu quo, lo digo para los adentros, para que crezcamos en la dirección que queramos o podamos, pero de la mano de la mejor escuela del mundo, la de los amigos; que por algo esta palabra viene del latín amicus y comparte la raíz del verbo amare (amar), aquellos que te aman.

«La capacidad de escuchar a gente inteligente que no está de acuerdo contigo es un talento difícil de encontrar»

Ken Follett.
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