Un nuevo mundo

Por José Ignacio Mena

25/04/2016

Un-mundo-nuevoAl principio pasó inadvertido, algunas palabras desaparecían inexplicablemente de los libros y la memoria: inmarcesible, serendipia, melifluo. La Real Academia de la Lengua fue la primera en detectarlo, descubrieron espacios en blanco en sus gruesos diccionarios y en algunas joyas de la literatura universal.

Con una notable preocupación advirtieron que el caso era más alarmante de lo que se pensaba, cada día desaparecían entre cinco y diez palabras, y cada vez acepciones de uso más corriente como inefable, efímero o incandescencia.

Pronto la prensa también empezó a notar su falta, no podían explicar rigurosamente los sucesos de las guerras. Los poetas se quedaron sin: musas, titilante, luna o susurro. Los estudiantes se olvidaron de: futuro, sabiduría, pasión y talento. Los maestros omitieron, entre otras muchas: disciplina, tesón, curiosidad y perseverancia. En el seno familiar no se oía: unión, ayuda, prosperidad, descendencia y ni siquiera amor. También afectó a políticos, que perdieron sus elocuentes discursos vacíos sin promesa, crecimiento, auge, consenso o pluralidad. Cuando desapareció la última palabra, sonrisa, el mundo quedó mudo y sordo.

Años más tarde, un joven inventó sin querer, concordia, igualdad, empatía y paz; desde entonces se celebra el día del nuevo mundo del entendimiento.

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