Tu felicidad no existe; inventa otra

Por José Ignacio Mena

18/08/2016

Tu-felicidad-no-existe¿Qué sabe una mosca de la felicidad? En la edad primigenia de la evolución, algunos invertebrados disponían de pequeños cerebros –de unas trescientas neuronas- que les permitía orientarse hacia la luz y nadar. No había espacio para definir la felicidad; no existía. Con el tiempo, los cerebros han evolucionado haciéndose muy complejos para desarrollar tareas muy especializadas como: digerir, mantener el equilibrio, recordar, comparar, hablar, etcétera. Un cerebro humano tiene alrededor de cien mil millones de neuronas y cada neurona puede formar parte de más de un centenar de ideas distintas. Una idea se forma por grandes conjuntos de neuronas interconectadas, por lo tanto podemos obtener trillones de ideas distintas. Una de esas combinaciones de neuronas, seguramente una de las más complejas, conforma el concepto de felicidad en nuestro cerebro. Pero no siempre ha sido necesario tenerlo y por supuesto nunca ha sido igual ni en el tiempo ni en cada persona.

Hace relativamente poco, evolutivamente hablando, la felicidad no fue un concepto o una idea que tomara forma en ningún cerebro como un estado de ánimo; más bien se hablaba de hechos que hacían que nos sintiéramos bien o alegres, pero siempre fruto de la casualidad como lo podía ser igualmente la tragedia o la muerte. Solo después del siglo VIII a.C. mediante la intervención de las religiones ante un entorno hostil, de hambre, enfermedades, tiranía y guerras, se empezó a fraguar, junto al concepto y a la visión esperanzadora de la vida eterna, la idea de felicidad. Se empezó a imaginar y desear un lugar donde no tenía cabida el sufrimiento. Por eso la felicidad siempre ha ido emparejada a la búsqueda o a la consecución de objetivos.

Pero como todo en esta vida, la felicidad es un concepto más que tenemos que definir en nuestro cerebro, que tenemos que pensar y darle forma para poder entenderlo y visualizarlo. Piensa ahora mismo qué es para ti la felicidad… Piénsalo, te espero. …

Probablemente habrás pensado en la ausencia de enfermedades, en el bien de la familia y amigos, en una buena estabilidad económica, en amar y ser amado, quizá en el fin de las guerras, en la erradicación de la hambruna, etcétera, o quizá has pensado en otra fórmula de felicidad; en cualquier caso, lo que has hecho, probablemente, ha sido unir conceptos conocidos y crear una idea de felicidad, una situación para las cosas. Pero ¿crees realmente posible que todo eso cambiará alguna vez para que tú seas feliz?

Yo te propongo, que asumas que la felicidad es únicamente sentir cómo pasa la vida, pase lo que pase y pase como pase; sin juzgarla, sin valorarla, sin desear que sea distinta, sin compararla con nada ni con tu propio pensamiento. Este modelo es posible y se puede aplicar a partir de ahora; a partir de este momento puedes decir “soy feliz” porque ha cambiado tu concepto de felicidad.

El otro modelo, el que tú pensabas, es imposible de realizar y por lo tanto jamás serás feliz. Pensar que tu felicidad depende de las circunstancias y que estas deben cambiar para ajustarse a la idea que tú has creado sobre ella, es bastante improbable por no decir imposible.

No confundas la felicidad con la euforia de un instante, con una sobredosis de dopamina –el neurotransmisor que nos hace sentir placer- la sensación de bienestar que apreciamos en algunas ocasiones se debe a un sistema de recompensa química que produce el cerebro; un mecanismo que nos incita a repetir aquellas acciones que garantizan la supervivencia de la especie, como comer, copular, ponernos al resguardo del sol o alcanzar objetivos, pequeños placeres que, de una manera u otra, siempre estarán presentes en muchos momentos de la vida. Estas cosas seguirán ocurriendo con más o menos frecuencia, pero es imposible mantener ese estado permanentemente. Eso no es la felicidad, eso es tan solo un periodo de gozo inestable e imperdurable.

Imaginemos que ocurre a la vez todo lo que antes pensabas que era la felicidad: se curan tus dolencias, toda tu familia está bien, terminan las guerras, siempre es primavera, etc. Seguro que alguien piensa en la felicidad de otra manera y quiere que llueva para regar su huerto o que gane su equipo y no el tuyo o que el puesto de director sea para él antes que para ti… Aquí empieza la decadencia de tú felicidad ya que alguien, con tu modelo de felicidad no puede serlo.

La felicidad no es un principio básico, instintivo, estándar que todos llevamos grabado de fábrica; es una idea y como todas las ideas, nosotros somos los responsables de estructurarlas y lo haremos de acuerdo a nuestros conocimientos y nuestra capacidad de abstracción. Si notas que te faltan condiciones para conseguir una idea de felicidad que se pueda establecer y disfrutar ahora mismo, trabaja en eso, en crear un concepto de felicidad sólido; no esperes que las cosas cambien para adaptarse a tu concepto erróneo de felicidad que ya te ha demostrado sobradamente que no funciona.

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