Sobre neuronas, recuerdos, ética y moral

Por José Ignacio Mena

23/05/2015

Sobre neuronas, recuerdos, ética y moral

Las neuronas parece ser que tienen la capacidad de cambiar su morfología dependiendo de la excitación y frecuencia electro-química a la que son expuestas. Por otro lado, yo supongo que también deben poseer un grado determinado de resiliencia dependiendo de: si se trata de una neurona que deba guardar información más o menos de forma persistente —las que conforman la llamada memoria a largo plazo— o de forma transitoria —la memoria a corto plazo—. Debe existir también otro tipo de neurona más estable, donde se almacena el idioma, la capacidad de hablar, de andar, de conducir o montar en bici; que sufrieron un cambio morfológico durante el periodo de aprendizaje y que debido a este bajo índice de resiliencia, se mantienen permanentemente disponibles, no obstante mantienen un pequeño grado de recuperación hacia la forma original o vacía, que provoca que perdamos algunas cosas aprendidas como un nuevo idioma, o la letra de una canción.

Por otro lado, y esto es lo que a mí me seduce más, es que creo que no todos guardamos datos sobre la ética, sobre el bien ni el mal como conceptos adscritos a un pensamiento determinado. Es decir podemos guardar, por ejemplo, la palabra y el concepto “ambición”, pero no guardamos su valor moral, es solo al rememorarlos, cuando los canales neuronales por los que corre esta información, hacia la corteza cerebral, se interrelaciona con otros conceptos contenidos en otras neuronas, lo que hace que nuevamente creemos, adjudiquemos a ese recuerdo, valores sentimentales o morales. Es por eso que un recuerdo que en su momento produjo un sentimiento determinado, ahora, tras un nuevo proceso cognitivo de recreación de los hechos, pueda producir otro sentir. Para que así ocurra, el camino de recuperación deberá haber cambiado en algún punto, bien porque hemos olvidado la trayectoria exacta que recorrió entonces la información, bien porque el camino se ha desdibujado con el paso del tiempo, porque las neuronas que lo formaron han vuelto a su valor original “vacío” —Que debe ser el proceso que entendemos como olvido—, bien porque mantienen una variación menos significativa o bien porque hemos adquirido nueva información que nos permite crear nuevos canales para re-interpretar la información.

Sin embargo, en algunos casos; Al recordar una película, la lectura de un libro o la comida en un restaurante, guardamos nuestro criterio global como un dato. Incluso en algunas ocasiones guardamos el resultado moral, lo que no nos permite un replanteamiento y nos hace parecer intransigentes. Era una película lenta, un mal libro o una comida de lujo. No necesitamos así recordar toda la película, el libro o la comida para volver a hacer una crítica, incluso en ocasiones recordamos que se trataba de un mala película, pero no recordamos ni siquiera la película. Es decir; hemos guardado un grupo de conceptos en un grupo de neurona interrelacionadas, entre las que se encuentra el concepto «mala «, pero no guardamos todo el desarrollo de la película para volver a hacer la catalogación al recordarla. Esto se tiene que deber a una cuestión de ahorro de tiempo. Obtenemos un criterio, una valoración más rápido que si necesitáramos recordar, y para ello haber guardado, la película entera. El camino de rememoración de la película se simplifica con quizá unos pocos datos como, el título, uno o dos protagonistas, el género y la catalogación que hicimos al terminar de verla.

Es importante pensar que son los canales de recuperación de la memoria, los que nos ofrece el valor moral de los recuerdos. Cuando un suceso puede poner en riesgo nuestra vida, nuestro cerebro mantiene la consciencia en él durante mucho más tiempo y con una alta intensidad, minimizando, incluso, cualquier otro factor ambiental. También la producción de algunos neurotransmisores nos ayudan a mantener la tensión “susto” que hace que el recuerdo sea más intenso y reincidente, creando caminos con un cambio morfológico neuronal persistente. Se crea entonces un episodio traumático que genera caminos de rememoración de “banda ancha” difícil de borrar; difícil de olvidar.    La lenta resiliencia de las neuronas hace que este camino que conforma un recuerdo (el objeto original almacenado en el hipocampo y el camino por el que discurre hacia la corteza cerebral donde se hace conciencia patente) sea tan evidente; también el relatarlo y recordarlo con asiduidad hace que se fortalezca ese camino único de recuperación de la memoria que presenta nuevamente una información, que en esencia es sintética, con un valor ético repuesto.   Un mal gesto es más difícil de olvidar que una buena acción, ya que la primera desencadena un proceso diseñado para preservar la vida y el segundo crea unos caminos de rememoración más débiles y que se olvidan más fácilmente ya que no pone en peligro nuestra vida.

Creo que es por esto que hay quien dice que la clave de la felicidad es tener salud y mala memoria; la mala memoria hace que no se recuerden los casos traumáticos y que las neuronas que conforman el camino de recuperación o de reconstrucción, vayan perdiendo su deformación morfológica dando paso a la creación de nuevos caminos.

En esencia, un recuerdo completo lo conforma, las neuronas que contienen la información básica, un rostro, un paisaje, una sensación y el camino que interconecta múltiples neuronas que forman parte de un recuerdo, no se almacena el mismo rostro en cada recuerdo con la misma persona, el rostro, como cada concepto o idea, solo se guarda una vez, y forma parte de un camino en el que está implicada esa neurona del rostro o la idea, que también pertenece a la formación de otros recuerdos. Una nueva estimulación bio-eléctrica hace que esas neuronas y el camino se iluminen como si de un cartel de neón se tratara, haciendo que la consciencia perciba el conjunto. Incluso alguna neurona perteneciente a otro recuerdo que participa en este puede dar lugar a un nuevo recuerdo.

Dentro de esta explicación cabría hablar del proceso de aprendizaje; este consiste, por repetición, en modificar las estructuras de las neuronas del recuerdo y de las que forman el camino de recuperación.   En definitiva, para ser feliz es importante reescribir los caminos que forman los recuerdos, olvidando, dejando de recordar, buscando otras explicaciones que resten significado a los sentimientos dañinos, y sobre todo dejando de almacenar valores morales.

Cuando en la construcción de un pensamiento intervienen neuronas que contienen valores morales, se crean prejuicios, y son la persona intransigente la que no está dispuesta a dibujar nuevos caminos, a utilizar conceptos que no existían cuando aquél pensamiento creó un valor moral y lo almacenó como parte de él.

Aquí adquiere importancia el concepto “desaprender” que yo entiendo como dejar de usar los valores morales y éticos de los pensamientos para quedarse únicamente con los valores materiales y objetivos, creando cada vez nuevos pensamientos con nuevos conceptos. Es decir: ir redescubriendo cada instante la esencia de la vida.

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