Ser feliz es saber mirarse sin tomar partido.

Por José Ignacio Mena

28/10/2015

Ser feliz es saber mirarseTodo el mundo busca la felicidad con pasión, con desenfreno, con impaciencia, con ansiedad, con angustia… la buscan en la meta, en el camino, en los demás, en el interior, en el dinero, en lo que tengo, en lo que me falta…, los más avezados la buscan en energías invisibles, poderes mágicos, en el equilibrio universal, en la paz, en el más allá…

Todo eso está muy bien, pero no conozco a nadie que la haya encontrado todavía; por lo que yo os recomendaría que la dejarais de buscar, la búsqueda se convierte en una empresa insufrible; buscar así puede producir ansiedad e impotencia y además no la vas a encontrar jamás. Pregúntate primero qué es la felicidad; no podemos buscar algo que no sabemos qué aspecto tiene; quizá la hayamos pasado por alto sin darnos cuenta, sin reconocerla; probablemente busquemos una fiesta de sensaciones con música y fuegos artificiales cuando en realidad  es otra cosa. Piensa detenidamente qué es la felicidad.
Cuando tengas la respuesta, si es la correcta, verás que solo era un problema de visión, de percepción, que estábamos mirando con los ojos equivocados. Voy a explicar lo que yo sé como mejor pueda y de la forma más clara posible:

¡Esto es la felicidad! lo que está pasando ahora, en este instante que estás viviendo. ¿Ves que fácil era encontrarla?

Ahora que ya sabes qué es la felicidad y dónde está, puedes dejar de hacerte cruces buscándola por doquier o imaginando cómo será; ya no tienes que seguir la búsqueda, solo tienes que aprender a observarla y disfrutarla.

Mira con atención todo lo que pasa en tu vida en cada momento, pero no solo lo que ves, lo que oyes o lo que sientes, “mira” lo que estas sintiendo al ver, al oír o al sentir; mírate sintiendo, fíjate en la cantidad de matices que te ofrece la vida, date cuenta de cómo te comportas ante ellos; mira cómo te seduce la gula o cómo te envuelve la música o el ruido, cómo te ciega la ira o cuan intenso es un dolor –físico o del alma-. No mires el sufrimiento en sí, sino cómo lo vives.
Imagínate que eres un ser superior que te ves, a ti mismo enfadado por ejemplo, viviendo tu instante, con su dosis de irreflexión de locura, de violencia, con sus blasfemias, su intranquilidad… con todo lo típico de tu carácter, cómo pasas por la vida en ese estado natural del ser humano; viviendo. Mírate disfrutando de un precioso atardecer, fíjate no solo en lo que sientes, sino en la capacidad de verte sintiendo algo intangible como la belleza subjetiva, la paz, la armonía de la naturaleza, o lo que tú suelas sentir.

No luches para evitar que emerjan sentimientos “malos” ni te esfuerces en provocar buenos; si quieres ser feliz tienes que ser capaz de mirarte, de verte sintiendo cada instante, tanto bueno como malo.

El ser humano, en el uso de sus facultades mentales, es capaz de desvincularse de su parte material y desde su “neo córtex”, su cerebro más evolucionado, observar el devenir del mundo y de su propio sentir, sin tomar parte, simplemente como el proceso lógico de vivir, de vivir de cualquier manera, ya que lo que ocurre es lo que ocurre y no está ocurriendo de otra manera, por lo tanto esta es la forma natural de vivir, la única forma.

Lo que podía haber sido o creíamos que sería sólo es un pensamiento adscrito al pasado o futuro, pero no es presente. No está ocurriendo la vida cuando pensamos que hubiera sido de otra manera, pero sí cuando lo que hacemos es vernos a nosotros mismos imaginando la vida de otra manera. El hecho de imaginar sí es presente, pero no el acontecimiento pensado.

Si ahora que sabemos esto nos centramos en aplicar lo que hemos aprendido en nuestro próximo vivir, estaremos, como siempre, dejando al cerebro funcionar en el presente de forma automática, mientras elegimos conocimientos antiguos para hacer planes de futuro y nos estaremos perdiendo este instante presente, que es donde reside la felicidad, en el único lugar donde podemos verla y vivirla.

Podemos sentir un dolor pasado, presente e incluso por venir, gracias a nuestra maravillosa imaginación, pero solo alcanzaremos la felicidad cuando seamos capaces de vernos a nosotros mismos en este preciso instante, capaces de ver qué y cómo van fluyendo los acontecimientos y los sentimientos en nuestra vida, en nuestro pensamiento. Tenemos que ver como hay un nosotros que está sufriendo, con todo el detalle que seamos capaces de apreciar, cada gesto, las lágrimas, los temblores, la impotencia; veremos cómo hay un yo que está viviendo los acontecimientos; y esa visión es la felicidad, la visión de ser consciente de estar vivo ahora. Ahí se apacigua el dolor y el miedo. Ahí está la felicidad.

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