Para qué nos hacemos viejos

Por José Ignacio Mena

25/07/2017

Parece ser que ya no queda muy lejos la inmortalidad. Cada día nos abordan nuevos e importantes avances científicos: el cultivo biológico de tejidos, la fabricación sintética de órganos, impresionantes prótesis biónicas; asistimos a espectaculares descubrimientos sobre los pormenores biológicos que nos hacen envejecer y cómo modificarlos mediante la manipulación genética, se crean nuevas y depuradas técnicas de reprogramación celular, potentes antioxidantes… Con todo esto, en pocos años aumentará exponencialmente la tasa de supervivencia hasta que podamos reemplazar todos los órganos del cuerpo humano, hasta hacerlo inmortal. Queda un pequeño problema para la vida infinita, el conocimiento, la información que contiene el cerebro. En él se almacena información, que en una vida infinita, por grande que sea la capacidad cerebral, ha de tener un límite. Actualmente se apunta, aunque esto es muy complejo de medir, que el cerebro puede almacenar hasta 2,5 petabytes, lo que actualmente ocuparían unos 3 millones de horas de video. Pero quizá de la mano de la física cuántica y la ingeniería biomédica, podamos transferir nuestros conocimientos, nuestros recuerdos, a algún dispositivo electrónico y en este exocerebro, seguir almacenando nuevos datos, nueva información, procesándola y pensando indefinidamente.

Ya teniendo la vida eterna, o para ser más precisos la consciencia eterna, veremos como todo cambia su sentido: podremos, por ejemplo, conocer el fin del infinito, ya que una vida infinita es paralela al propio concepto de infinito y por lo tanto estaremos al mismo nivel. Se pospondrá el Juicio Final indefinidamente relegando a Dios, al cielo y al infierno a un término secundario, San Pedro quizá se muera de aburrimiento. Se detendrá la natalidad para evitar la superpoblación, reservándola únicamente para la colonización extraterrestre. Los humanos, curiosos por naturaleza, aprenderemos una carrera universitaria tras otra para obtener una mejor visión holística del universo, lo que nos permitirá desentrañar los grandes misterios de la humanidad. Podremos viajar a millones de años luz de distancia.

Las grandes mentes tendrán acceso a los nuevos avances tecnológicos para mejorar sus capacidades y crear nuevos artilugios que mejore sus capacidades para crear nuevos artilugios… (creando un bucle infinito exponencial), algo así como si Einstein hubiera tenido un ordenador cuántico. La humanidad se hará más inteligente de forma exponencial. Quizá el aspecto humano cambie; el conocimiento de las estructuras cerebrales de los sentimientos y la autoestima también. Podremos activar a voluntad cada neurona o pseudo-neurona electrónica de nuestro cerebro, para poder sentir y disfrutar de un mundo a la carta, desechando, en buena manera, el cuerpo físico y sus manifestaciones sociales a cambio de sensaciones únicamente.

Un cerebro infinito podrá enfrentarse a una discusión infinita con infinitos argumentos e infinitos puntos de vista. Se escribirán infinitos libros de intriga, de ciencia ficción y de policías y ladrones, se pintarán todos los cuadros, crecerán todas las plantas, evolucionarán todos los animales, se extinguirán todas las estrellas; dejaremos de celebrar el cumpleaños y el cumplesiglos.

Parece ser que ya no queda muy lejos la vida eterna

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