No existe la muerte

Por José Ignacio Mena

17/05/2016

la-muerte-no-existe«La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo.»

Epicuro de Samos

 

Mucho se ha elucubrado sobre la muerte, sobre el después, se habla de la vida eterna, la trascendencia a otro plano de energía, algunos proponen una elevación de la conciencia o el renacimiento en el camino al nirvana e incluso la última teoría biocéntrica de Robert Lanza que siguiendo las tendencias en astrofísica de los multiversos, afirmar que cuando morimos nuestra vida no se acaba, sino que se convierte en una flor perenne que vuelve a florecer en alguno de estos múltiples universos posibles.

Ya en el siglo XVIII, El obispo y filósofo George Berkeley no creía que existiera la materia fuera de la mente sino que los objetos consistían en un conjunto de ideas sensibles, que la materia no existe en sí misma y que la realidad es de naturaleza espiritual. El ser de los objetos materiales consiste en ser percibidos. Aunque él adjudicaba a Dios un poder especial para percibir los objetos con el fin de justificar la existencia continua del mundo físico y seguramente para encajar su incuestionable fe.

Podemos conocer la muerte ajena y creer que la nuestra será eso, la ausencia, un viaje, un fin; pero partiendo de la idea de que la vida es el estado de conciencia que conforma todo lo material e inmaterial, que la vida solo puede existir cuando la podemos percibir, cuando la podemos imaginar, debemos concluir que en el instante en que perdemos esa capacidad de percepción y abstracción, en el momento que nos falta el potencial electroquímico de nuestras neuronas; todo desaparece, el amor, las experiencias, el dolor, la dicha, el sol, la casa, la familia y hasta la muerte; todo necesitaba de una conciencia para la interpretación, lo material y lo intangible.

El concepto que tenemos de que la vida y el universo es ajeno a nuestra existencia y prevalece con o sin nosotros, no es más que una percepción o una conjetura, ya que no hemos tenido ni tendremos la conciencia de antes ni después de nuestra propia vida. Si no existió y si no existirá el yo, “el que piensa los pensamientos” nada se puede conjeturar ni percibir; ni la vida ni la muerte.

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