No es fácil cambiar de dirección cuando ya tienes un rumbo

Por José Ignacio Mena

19/09/2016

no-es-facil-cambiar-de-direccion2Nos pasa, que vamos caminando en una dirección determinada o de una forma establecida sin reparar en ello, de repente, un día nos miramos, nos apercibimos de encontrarnos aquí y ahora, en una posición social determinada, con una edad, una familia, amigos, experiencias, conocimientos… vemos que estamos siguiendo unos parámetros y unos valores que han estado ahí siempre, que han crecido con nosotros, que nos marcan la dirección en cada paso; quizá pasemos por alto ese día y sigamos viviendo más tiempo sin prestarle atención a esa llamada que nos insta a detenernos y examinar en profundidad la verdadera razón de estar vivos; quizá. Seguimos viviendo un día tras otro e incluso algunas personas llegan al fin de sus vidas en ese estado sonámbulo, en el que su paso por la vida no ha sido más que un trámite, una anécdota, un valor en el recuento de la población mundial; otros viven con miedo del tiempo que pasa veloz mientras les acecha la muerte que se aproxima.  Pero un día de esos que la vida nos llama la atención; a algunos por un incidente grave, por la cercanía de la muerte, cuando tocamos fondo o simplemente un día cualquiera que estamos dispuestos a mirar, a pararnos a pensar, un día de esos que la vida nos planta cara; decidimos hacerle caso, recapacitar sobre esas cosas que hasta ahora habíamos dejado en manos de la inercia. Un día de esos que nos acechan preguntas inevitables: ¿por qué somos así?, ¿por qué hacemos las cosas como las hacemos?, ¿es este el único camino?, ¿es el adecuado?, ¿lo hemos elegido o es fruto de la casualidad?, ¿quién soy?, ¿quién está dándole valor a mis pensamientos?, ¿cómo decido las razones con las que tomo una decisión?, ¿por qué en el tiempo y el espacio infinito solo viviré un instante?, ¿por qué todo el mundo no entiende lo obvio como yo?…

Ese día en el que la pereza mental y el miedo a romper esquemas te permita mirar detrás de la puerta del cuarto oscuro de esa vida que tiene el rumbo automático, ese día que decidas tomar las riendas de tu propia vida. Ese día podrás empezar a conocer el sentido de la vida, tu propia condición, la felicidad. Ese día no habrá vuelta atrás. Cuando trasciendes a tu propia visión de la realidad ya no puedes borrar el pensamiento pensado.

Me gustaría proponer un mecanismo de “conciencia activa”, sobre el que estoy pensando últimamente y que ahora lo haré en voz alta. Este consiste en negar la certeza de cada  pensamiento que  tengamos; me explico. Habitualmente, nuestro cerebro se encuentra en “modo automático”, pero no solo en cuanto a los procesos motores –andamos sin pensar en qué pie debemos mover primero, hacia dónde tenemos que mover el cuerpo para mantener el equilibrio o la fuerza con la que sostener un huevo para que no se rompa– sino también en lo que respecta a procesos intelectuales. Sacamos conclusiones, establecemos juicios y hacemos previsiones de manera automática. Cuando alguien nos pregunta por una determinada película o un restaurante, no revisamos todas las secuencias de la película para establecer un juicio ni volvemos a saborear mentalmente aquella comida para determinar el grado de calidad, nos acogemos al juicio que establecimos en su momento y lo volvemos a exponer; quizá ya ni siquiera recordemos la película ni el menú de aquel día. Esto en cuanto a tiempos pasado, pero también lo hacemos con pensamientos de futuro. Vemos a un hombre con “mala pinta” acercarse hacia nosotros y nos ponemos en alerta sin saber nada sobre él, lo juzgamos con la información de hechos similares –reales o no– de que dispone nuestro cerebro; la experiencia. En muchos casos aplicamos estereotipos y generalidades, a casos individuales. Proyectamos continuamente nuestras propias creencias en el comportamiento ajeno.

Para encontrar otra forma de ver las cosas, para poder establecer una nueva razón que explique la vida, nuestra razón de existir. Debemos dejar abierta la posibilidad de que todo puede ser distinto de cómo lo pensamos. Tenemos que atrevernos a poner en tela de juicio todo, volviendo a replantearnos la vida. Nada será así porque sí ni porque alguien lo diga. Cualquier cosa puede ser cierta y falsa. Durante la vida hemos ido creando patrones mentales con los argumentos que teníamos cuando los creamos y ya es hora de revisarlos. Piensa que cada interpretación de los acontecimientos, –internos y externos– contiene patrones obsoletos que revisar o mejor aún desechar.

Atrévete a pensar qué hay de inercia en tu forma de pensar y actuar.

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