Ni tengo razón, ni la quiero

Por José Ignacio Mena

09/07/2016

Ni Tengo Razón Ni La QuieroJosé Ortega y Gasset decía “Yo soy yo y mis circunstancias”, sobre esa idea yo diría “yo soy yo y mis pensamientos”

Una persona con sus circunstancias será vista diferente dependiendo de los pensamientos del observador, igualmente veremos distintas las circunstancias y a nosotros mismos dependiendo de la calidad de nuestros propios pensamientos

Nos hacemos esclavos de nuestras “distorsiones cognitivas” o lo que es lo mismo de los pensamientos erróneos que nos roban muchas veces la capacidad de ser felices

Cuando le damos rienda suelta a la empatía, esta nos hace creer que el comportamiento humano responde a causas que tenemos perfectamente definidas y que comprendemos, creemos en la certeza de lo que pensamos sin cuestionarlo. Juzgamos lo que está bien y mal, lo que las personas hacen correctamente y lo que hacen de forma equivocada, incluso creemos saber si lo hacen con maldad o con inocencia. La empatía, que en ocasiones nos enseña a interiorizar las acciones y los comportamientos de otras personas para aprender por imitación, también nos “mal-enseña” y nos hace creer a pies juntillas que lo que dicta nuestra razón es incuestionable; pero generalmente interpretamos las circunstancias mediante un análisis superficial de lo que vemos, sentimos y vivimos, mediante pensamientos y respuestas automatizadas.

Le invitaría a un café, pero no querrá hablar conmigo. Probablemente ese sería tú comportamiento ante esa invitación, ese es el pensamiento que genera tu parte empática, que cree saber qué piensa el otro, cuando realmente estás utilizando tu criterio y tu pensamiento, pero la única forma real de constatarlo, será invitándole a un café. Si profundizamos un poco, quizá descubramos que realmente no queremos invitarle al café o que nos da miedo un posible rechazo, en cualquier caso estamos cometiendo un error de pensamiento.

Nunca me salen las cosas bien. ¿Nunca? nunca es mucho tiempo y las cosas son muchas,  piensa que el pasado no puede predecir el futuro, probablemente alguna cosas no te salgan bien a la primera, sigue intentándolo, si el pensamiento es pesimista u optimista, será determinante en el próximo intento.

No me ha llamado, eso es que ya no me quiere. Estamos dando por buena una afirmación catastrofistas que nos hiere, sin permitir al pensamiento barajar otras posibles razones por las cuales puede que no nos llamen. El pensamiento incondicionado no intentaría adivinar la razón, dejaría el hecho e intentaría, si necesita saber la razón, averiguarla, no imaginarla

Esta vida no es justa. La justicia es una consideración humana y no se le puede atribuir a la vida. Solo un análisis superficial y distorsionado puede decidir pensar así. La vida simplemente es, sin más; son nuestros pensamientos los que hacen un juicio de lo que ocurre, y muchas veces lo que no es justo para unos lo es para otros.

No me fio de los extranjeros. Cuando generalizamos, estamos errando seguro, en todos los sitios, en todos los grupos puede haber de todo. Valorar cualquier aspecto de las personas por su condición, es un pensamiento generalista, demasiado global que no te permite ver el detalle humano. Atribuir un defecto o una virtud a un grupo heterogéneo denota el desinterés y el simplismo en el pensamiento

No debería haber venido. Si no hubieras venido, no sabrías que no deberías haber venido, por lo tanto este pensamiento carece de sentido. Aun así, este pensamiento enclavado en el pasado, inamovible, es capaz de mermar la percepción de bienestar.

Me siento inútil, nunca podré aprender a conducir. Tu situación personal anímica no debería condicionar el pensamiento futuro, es importante mirarse y reconocer nuestra propia situación interior para desvincularla de los pensamientos y de las cosas. Sentirse no es sinónimo de ser, una percepción de ti mismo no tiene por qué ser real, el propio sentir condiciona el sentimiento y por supuesto todos los pensamientos derivados de él.

Casi tropiezo, me caigo y me abro la cabeza. Si esto condiciona el pensamiento hacia un enfado, está dentro del pensamiento erróneo que es el que no nos deja ser felices. Es una suerte que aun tropezando no te hayas caído, o  dejando de adivinar el futuro incierto, simplemente disfruta del momento sin valorar lo que podría o no pasar.

Debería comer menos. Pues hazlo, a no ser que lo que quieras decir sea: “me gustaría” comer menos; eso sí, pero una cosa es un deseo que tiene más condicionantes y no hacerlo supone que no puedes, no tienes voluntad o cualquier otra circunstancia atenuante que te lo impide pero “debería” implica una obligación desatendida y castiga tu forma de actuar, estás dejando de hacer un deber que crea sentimiento de culpa.

Si nos dejamos llevar por pensamientos establecidos, patrones de pensamiento, sin replantear su esencia, caeremos en el desasosiego, la tristeza, la incomprensión e incluso en depresión; cualquier cosa menos en felicidad. Si no somos capaces de medir el mundo con pensamientos nuevos jamás conseguiremos ser felices siempre, sean cuales sean nuestras circunstancias.

A veces expresamos ideas positivas sin cambiar el pensamiento en un intento de engañarnos. Voy a encontrar aparcamiento, voy a encontrar aparcamiento… pero el pensamiento está diciendo lo contrario, por eso verbalizas un pensamiento positivo. Es común pensar en negativo y verbalizar lo positivo creyendo que se está adoptando una posición favorable, pero eso es falso, es mejor cambiar el pensamiento mediante el análisis profundo. Tengo que escuchar la canción que suena en la radio, lo del aparcamiento ya llegará y será lo que tenga que ser No debo vivir intentando adivinar el futuro, ni en positivo ni en negativo. Valorar las cosas con mi criterio, una veces nos defraudará y nos entristecerá impidiéndonos ser felices y otras, en las que acertamos, fortalecemos la creencia de que nuestro pensamiento de futuro es útil.

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