La verdad es una excusa para dejar de pensar

Por José Ignacio Mena

18/08/2016

Cuando hablamos de verdad nos referimos a la conformidad entre las cosas y su concepto mental.

Imaginemos el color de una naranja, la correspondencia con el pensamiento coincide, por lo que podemos aseverar que esa fruta es naranja. Pero ¿será igualmente naranja en la oscuridad? Esta verdad existe si existe un acuerdo entre la parte real y el pensamiento. Por lo tanto, para que exista una verdad debe existir un consenso humano. Pero estos acuerdos se confunden generalmente con verdades universales. El ignorante, con su verdad individual, creyéndose en posesión de la verdad absoluta y de la visión infalible de la realidad, puede defender su postura de forma desmedida, si esta encuentra similitudes en las verdades de otras personas, se fortalece pudiendo llegas, el deseo de imponerla, hasta la guerra y la muerte.

El más claro ejemplo reside en las religiones, que definen su modelo de creación y la eternidad como verdades universales sobre las que construyen patrones de comportamiento propios y leyes de actuación para otros; o el sentimiento de pertenencia a la patria, a un pueblo, a un equipo deportivo con los que se desprecia al extranjero al vecino o al jugador contrincante por una verdad sin razón, basada en la fe.

La fe, es la necesidad de apoyarse en algo inexplicable para eludir la responsabilidad de buscar una explicación razonada; como diría la filósofo Ayn Rand, es paradójico que se necesite una explicación sobre la existencia del universo pero no se necesite la más mínima explicación de la existencia de Dios. Cuando alguien acepta algo como la creación de universo por fe, está destruyendo su confianza y la validez de su propia mente.

En la política también vemos claros ejemplos de universalismo, donde unas fórmulas de gobierno se instauran con criterios de validez global tachando de quimeras o sectarias otras.

La guinda se la lleva la mezcla de gobierno y religión como ocurría en los tiempos de la Santa Inquisición durante la edad media o actualmente con la cerrazón del universalismo musulmán

Para buscar la verdad es indispensable borrar cualquier condición que interfiera en la definición de verdad universal incluso al propio ser humano. No podemos interponer el criterio parcial humano en la ecuación que defina a la verdad auténtica. Cualquier logro será parte del camino.

Debemos considerarnos ignorantes para poder apreciar la diversidad que la “verdad” esconde

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