III Concurso de microrrelatos 2014 Callosa de Segura

Por José Ignacio Mena

27/04/2014

diplomasFotoDos pequeños cuentos míos llegaron a estar entre los tres finalistas de este humilde concurso local; y qué menos que compartirlos.

Primavera

No había manera de terminar aquél frio invierno, alguien olvidó cerrar el viejo libro prohibido a pocas páginas de la primavera. Nada ni nadie se explicaba por qué los osos seguían durmiendo, las aguas del lago aún eran hielo, por qué el gris nublado era igual cada día, nadie recordaba el arcoíris ni el sol ni la luna, se oía decir…, se cuenta que un día…

La ciudad se convirtió en una constante prisa preocupada, afanosos cortaban la leña diaria que daba calor sin sonrisas, sin risas, sin gracia. Sin embargo, un grupo de niños, ajenos a la desdicha, juegan con una triste pelota de trapo, con fuerza y en un agradable infortunio, la bola atraviesa el ventanal de la biblioteca, de pequeños cuarterones de cristal y madera, con ella una ráfaga de aquél incómodo aire constante, que al topar en el libro abierto, avanza seis páginas, hasta la primavera. En el mismo momento una nube se rompe y nos muestra el azul del cielo de entonces y las flores florecen, los hielos se ablandan, los osos despiertan y llega en un instante la primavera.

Al recoger los cristales rotos, el libro olvidado regresa a su sitio, hasta siempre.

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Cambio de generación

Parece ser
que los libros están en guerra con los bytes,
que la página ocho se murió de pena,
que internet preparó una emboscada entre estanterías
y corre una voz desesperada a lomos del Quijote.

Se muere el libro, de viejo.
Crece la palabra digital, en auge.
Olvidaremos a Gutenberg
y hablaremos de Alan Turing o Tim Berners.

Aviso:
los libros no son historias sino soportes,
no son útiles sino estorbos pesados,
no decoran, ocupan paredes, bibliotecas,
no son portadores de la nostalgia, se la impusimos.

Ahora,
en tan solo un milímetro, Cervantes, en una risa, Jardiel Poncela,
en una pizca, Laura Esquivel, Shakespeare en un suspiro,
en una lágrima, Bécquer, en un disparo, Tolstoi,
en una tentación, Dante, en una idea, Verne,
la Larousse en menos de lo que ocupa un grano de trigo.
Con pilas y en un bolsillo o en la mochila, además, el mundo.

Lo que ha de importar, la imaginación, es la misma;
al autor le da igual dónde le leen;
en la cama, en el retrete, sobre el papel o en la pantalla.
Lo que él cuenta, no existe, no es propiedad de un libro, surge al leerlo.

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