A Mari
Siempre desee casarme con una rubia de ojos azules, de las de las películas, y vivir al borde de la playa a cámara lenta, con un perro empapado por las olas y unos niños que dejaran de hacer castillos en la arena para ir con los brazos abiertos a besarme. Ahora que cumpliré medio siglo, sé que tengo más. Ella tiene unos ojos verdes que miran desde dentro, el pelo recogido del color que más le gusta y vivimos a la orilla del uno el otro. La vida pasa a toda prisa pero se llena de sentimientos que recuerdo poco a poco, de más libertad que el aire libre, y me va colmando con su honestidad y respeto, de valores primordiales y alegrías mientras me hago más grande por dentro y más humilde por fuera. Mis hijos me traen desvelos que intento desmigajar con ellos hasta convertirlos en alimento del alma, de la suya y la mía. Ahora más que desear sus besos aumenta mi deseo de quererlos. Hoy no cambio mi presente por aquellos sueños adolescentes. El vivir me ha enseñado a reconocer a las personas por lo que son y no por lo que parecen.

Jose Ignacio me a encantado…
A veces juzgamos tan de prisa, vivimos tan rápido que no nos da tiempo a saborear nos…