El porvenir, por venir.

Por José Ignacio Mena

25/08/2008

la-tierraConocemos, muchos antes y el ahora, con ellos podemos, y así se hace, trazar líneas de tendencia. Se especula sobre qué pasará mañana y se trazan planes maestros de comportamiento, de economía, de evolución social, pero basar nuestras acciones en una posible reacción del mercado, de la bolsa, de las empresas, provoca una fuerte concentración de esfuerzos hacia un hecho o una acción determinada. En mi opinión mal determinada.

 

“Si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. Albert Einstein”

Deberíamos buscar puntos de referencia distintos para trazar tendencias distintas y conseguir objetivos distintos, desde un punto de vista humano y crear así sinergias diferentes que conviertan a este mundo en un lugar cada vez más agradable para todos y no solo para algunos. La riqueza material bien repartida se convertiría en nada, pero la riqueza humana interior puede enriquecer a toda la humanidad.

Es evidente que los acontecimientos de la vida, sea cual fuere su origen, tiene un denominador común, el hombre. Todo se hace por el hombre, o es aprovechado por él o como mínimo es contado y analizado por nosotros. Pero sobre todo, somos los hombres los únicos capaces de apreciar el pasado y de planificar el futuro, los únicos capaces de tomar decisiones que consigan involucrar a toda la humanidad.

Podemos pensar en la distancia que hay entre un candil y una lámpara de leds, entre un apretón de manos y los sofisticados contratos vinculantes, donde nada se deja a merced de la honradez, entre el apúntamelo de la tienda de ultramarinos y la impertérrita rectitud inhumana de la tarjeta de crédito Entre el “tú la llevas” a la PS3, entre el comportamiento sensato, lógico y educado y la pillería, la trampa y el engaño como formulas posibles de ser y sentir.

Todo avanza, es cierto, pero seamos conscientes de que todo es todo; lo bueno y lo malo. Deseamos el coche más grande y más rápido por que lo hemos visto en la televisión o lo tiene un vecino o circula por la calle y nos produce deseo, envidia. La publicidad, cada día más compleja, necesita obtener mejores resultados abriéndose paso entre un enmarañado mundo de imágenes, mensajes y promesas que bombardean la mente del comprador con modelos sociales basados en los propios errores de la evolución social.

Podemos buscar ahora otros objetivos, otros modelos basados en factores, también humanos como: la felicidad, la libertad, el autocontrol, la salud, la seguridad y la unión con la naturaleza. Empezando por la educación, la concienciación y el autoanálisis.

Cuando nuestros hijos se sientan frente a un partido de fútbol en la televisión para ver como juega el mejor equipo del mundo, el de su padre y de su abuelo, estamos provocando en él un fuerte deseo de competición, de superación a sus semejantes, también de pertenencia a un grupo, a una manera de ser y actuar, a un sentir determinado.

Tenemos asumido como correcto premiar al que prospera socialmente y no al que consigue aumentar su felicidad, se valora al que llega primero y no al que participa, se enaltece y venera al que más poder económico tiene antes que al que más libre se siente y que al honrado. Ponemos como líder al que más promete y no al que más siente.

En este sentido, la nueva línea de tendencia es negativa y descendente, cada vez estamos peor, somos más envidiosos, nos importa menos la libertad ajena y la nuestra propia, nada, salvo el dinero tiene valor, aumenta el desprecio por los semejantes, perdemos la felicidad y compramos más para intentar sustituirla.

Propongo una reflexión a educadores, publicistas, creativos, periodistas, políticos, padres, etc. para analizar las acciones de nuestra vida cotidiana y detectar errores sustituyéndolos por acciones en pro de la felicidad adquirida mediante el reconocimiento de la vida en sí y del propio ser humano como centro de su propia vida.

José Ignacio Mena

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