Desempedrando

Por José Ignacio Mena

24/04/2015

desempedrando

Empedrada ladera descendiente del curso de la vida
de malosentendidos
descenso cuesta arriba
cayendo hacia adentro
de mi locura
de mi vanidad y mi ciencia, conciencia
Sin freno
sin remedio
Inescrutable final en forma y tiempo
acechándome desenfrenada y crecientemente
Piedras y piedras similares,
iguales, parecidas que tropiezan entre ellas
más de dos veces
buscando el más doloroso de los blancos
certeras
en un ojo, en la mirada, en el corazón del credo
en una oreja, en el centro de la mente, en el recuerdo
diana de la razón inventada
Anclas que intento aferrar al polvo,
a la gravilla inquieta
de otros descendientes
desenfrenados, videntes, tuertos y ciegos,
conscientes e inconscientes del alud.
Cantos que ruedan junto a las rocas
hacia lo profundo, lo privado
descubriendo la flor de piel ensangrentada
haciendo de la piel ajena la propia.
Desvergüenza.
La lucha; deseo del ascenso inalcanzable,
irreversible, entrópico.
Redoblar de esfuerzos que son desgaste de la piel
extraordinarios, ineficaces
Me revuelvo maldiciendo la pendiente, ajena a mí
que no me escucha ni le importa ser quien es
ni es cuesta por vocación.
De otros pedruscos será la culpa de ser,
si no saben caer; que aprendan en la caída
la conciencia de estar cayendo honestamente.
El descenso y el descendiente conjugan el caer
que no existe sin el conflicto.
Chispas de fuego
yesca entre guijarros
generador de calor medular, cerebral
sistema nervioso
Dicha y desdicha
Cumbre y valle
Vida y muerte
Todo y nada.
Zigzagueante curso de ligeros desvíos
que confluyen en la dirección descendiente
única indefectible, irreverente.
En un instante de conciencia de asunción presente
desaparece mi desplome como interferencia
aceptable, relevante e irrelevante.
Amanece la actitud de ser piedra descendiente
desnudando el núcleo incandescente
autohonestidad secreta invisible incompartible
absolutamente absorto en lo aparente como verdad primogénita
descubro cada tiempo como infinito nuevo
fundido con su propio pasado y futuro.
Las piedras grandes son grandes y chicas las chicas.
Ahora no hay antes ni después
sin tiempo
pendido en el espacio, despacio
inmaterial absoluto, envolvente, intangible
ligero de responsabilidad henchido de conciencia
creciente, disperso, inmerso.
Revolución de la vida
contemplando la propia instancia
de la caída desapercibida; vida inherente
Hasta lo absurdo confiere presencia a la ausencia
Lo desconocido conforma la esencia.
La vida es, sin duda, lo esencial de la vida.

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