Cada uno de nosotros somos un universo infinito que contiene a todos los universos, incluso a los universos que nos contienen.

Por José Ignacio Mena

18/04/2016

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Podemos preguntarnos por qué estoy en este lugar y no en otro, en este mundo que se rige por estas leyes físicas y no otras, con esta percepción concreta de lo material y lo abstracto y por qué en este momento y no antes o después. En verdad, no estamos ni aquí ni ahora, como tampoco es del todo cierto que sean estas las circunstancias que nos rodean y que realmente conforman la vida. La verdad es que somos infinito y vivimos la vida que somos capaces de imaginar y la sentimos según nuestra capacidad de interpretarla. Nosotros creamos el espacio y el tiempo a medida que lo vivimos.

Ahora surge una pregunta nueva; Qué soy entonces. Si no pensamos en profundidad y nos atenemos a lo que hemos aprendido, diremos que somos materia biológica que interactúa con el resto de la naturaleza que le es accesible, que nace, crece y se reproduce, pero en realidad esa es la interpretación que hacemos utilizando nuestro conocimiento adquirido. Somos consciencia, consciencia entendida como un estado inmaterial que nos permite sentir y determinar nuestra presencia, darnos cuenta de que estamos viviendo y sobre todo somos; seres capaces de crear y modificar las ideas, los pensamientos y así la vida. En definitiva, la consciencia es la vida y el universo que contiene todo lo que pensamos, incluso a nosotros mismos.

Podemos pensar que la vida sucede aunque no estemos nosotros ahí para verlo o sentirlo, pero no es así, únicamente se produce nuestra vida si la consciencia interpreta lo acaecido.

O lo que es lo mismo: vivir es un estado de consciencia infinito; es sentirse creador y espectador del universo y de la propia vida. Tomar consciencia del propio pensamiento.

Y esto es así tanto si lo entiendes como si no. Quizá estés esperando despertar un día a la consciencia y ver cómo el mundo cambia su sentido o quizá nunca lo sepas. Habrás nacido crecido y muerto con el mismo ímpetu que lo hace una alondra, una mariposa o un sauce o quizá, en algún momento entiendas que  tú, que cada uno somos infinito omnipresente y omnipotente.

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